sábado, 31 de agosto de 2019

Deporte de base y desarrollo social

A fines de 2018 comenzamos un trabajo de investigación sobre clubes de barrio, en donde para muchos infantes y jóvenes es el primer contacto con el deporte. Pero no sólo se trata del "semillero" de las futuras estrellas, hay que tener en cuenta que los clubes sociales cumplen un rol muy importante en el desarrollo de la sociedad, no sólo por brindar un espacio para la recreación, sino también de educación y contención. 


En Argentina, los clubes brindan un apoyo constante e incansable para darle oportunidades a todos los niños que asisten a ellos, estando atentos a las necesidades individuales y dando un valioso aporte a la comunidad. En muchos casos, estos clubes reciben niños que padecen desventajas económicas y sociales, donde encuentran en estas instituciones un lugar de contención para desarrollarse y poder seguir adelante.

Según datos brindados por el Observatorio Social y Económico de Clubes de Barrio y Afines -ONG que impulsa proyectos y acuerdos para el desarrollo de los clubes mediante investigaciones y estadísticas, interpretando como influyen en el PBI y las economías regionales- y la Confederación Argentina de Clubes y Entidades Deportivas -la entidad más importante a nivel nacional integrada por 17 federaciones de distintas ciudades y provincias de Argentina-, existen en Argentina alrededor de 22 mil instituciones que se identifican como clubes de barrio y sociedades de fomento, los que ofrecen constantemente actividades culturales, sociales y deportivas a ciudadanos de toda clase social, en especial a niños y jóvenes. Sólo en la Provincia de Buenos Aires se encuentran 8.800 instituciones de estas características.

Los clubes de barrio en el país se remontan a comienzos del siglo XX y, a lo largo del tiempo, demostraron ser una indiscutible fuente de lazos comunitarios que forjan diariamente fuertes sentimientos de pertenencia a una comunidad, a una entidad, a una camiseta o insignia. Es un lugar que difícilmente será reemplazado como espacio de integración social, de transmisión de valores y tradiciones comunitarias. Prácticamente hay, al menos, un club en cada barrio, de cada localidad de la Argentina.

Estos clubes son un lugar de contención, que aleja a mucha gente de los riesgos propios de la calle, los peligros permanentes y contingencias amenazantes de toda naturaleza. Muchos enseñan y permiten, principalmente a los jóvenes desarrollar los valores propios del deporte, los que se proyectan a lo largo de su vida social, más allá del incentivo propio que importa la realidad recreativa y competitiva.

Ricardo Undagoyita, secretario de la Federación CONVIVIR -entidad que nuclea a todos los clubes de barrio de la Zona Norte del Gran Buenos Aires-, explicó: "Cómo la mayoría son clubes sociales, brindan contención y tratan de mejorar la calidad de vida de la gente asiste al club. Los clubes buscan la manera de fomentar los ingresos necesarios para poder brindar todos estos servicios a los chicos. Por eso, cumplen una función social dentro de la comunidad”.

En sus inicios, los clubes han sido fundados de otra manera, con otros criterios, concebidos como un lugar de encuentro social, recreación y esparcimiento. Con el tiempo estos lugares han crecido, abriendo puertas, integrando más personas y poco a poco se ampliaron e incorporando otro tipo de actividades. 

En la actualidad, los clubes de barrio cumplen otras funciones, similar a las que puede brindar una institución educativa, ya que comparten la función de contener, educar, transmitir valores, generar vínculos sociales y culturales, identidad individual y colectiva, y además un lugar de pertenencia

Pese a estas similitudes, existen algunas desigualdades notables y tal vez injustas, los clubes no cuentan con los mismos subsidios – ya sea a nivel municipal, provincial o nacional – del que sí reciben las instituciones educativas. “El colegio cuenta con maestros para que eduquen a los niños, aprenden a socializar con otros compañeros. El club también tiene profesores, que puede ser un padre voluntario o un profesor asalariado, para enseñar a practicar algún deporte, los valores de la amistad con sus compañeros y darle otra contención. 

"El colegio les da un vaso de leche, algunos clubes de barrio les brindan un merendero. El colegio les enseña materias, algunos clubes cuentan con clases de apoyo para esas materias a aquellos que les hace falta, a cambio de nada. En muchos casos los niños asisten a los clubes desde que gatean, por lo que desde sus primeros pasos tienen acompañamiento. Para mí el club de barrio es mi lugar en el mundo", agregó Undagoyita.

Si bien los clubes, por desgracia, no cuentan con el mismo apoyo económico o subsidios estatales a diferencia de escuelas, institutos de educación, centros de formación profesional, universidades, etc; a través de diferentes organismos -entre ellos el Foro Social del Deporte, organismo que se propone como espacio de encuentro de dirigentes vinculados al deporte y tiene como objetivo bregar por la defensa del deporte como derecho social- se está trabajando para empiece a implementarse legislaciones pertinentes.

Existe una ley 27.098, sancionada el 17 de diciembre de 2014 a través del Senado y la Cámara de Diputados de la Nación Argentina. A través de esta ley se creó el “Régimen de Promoción de Clubes de Barrio y de Pueblos”, la cual fue promulgada el 20 de enero de 2015. 

Esta ley fue destinada a la “generación de inclusión social e integración colectiva a través de la promoción, fortalecimiento y desarrollo de los clubes de barrio y de pueblo mediante la asistencia y colaboración, con el fin de fortalecer su rol comunitario y social”. Pero lamentablemente, y a cinco años de su sanción, aún no ha sido reglamentada.

La nueva norma parte de la necesidad de que un club de barrio cuente con un espacio físico para el desarrollo de actividades sociales, culturales y/o deportivas. Ello no significa que se deba ser propietario de un inmueble, ya que bien podría la asociación civil tener derecho a usar un espacio de manera regular por locación, comodato o autorización gubernamental, etc. y ello permitiría cumplir con la exigencia normativa. 

Resulta muy difícil de concebir un club barrial sin identificarlo con un espacio físico que lo contenga. Pero también, el hecho de que un club funcione físicamente en un lugar determinado, permite un mayor control de la actividad que realiza y de cómo se administran los fondos que puedan recibir las entidades en carácter de subsidio.

Entre los beneficios para los clubes de barrio y pueblos se determinan subsidios para obras de infraestructura y adquisición de equipamiento, el acceso a programas especiales, a exenciones o reducciones impositivas, a créditos con condiciones preferenciales, a capacitación gratuita para sus miembros y autoridades.

La ley crea también el Fondo Nacional para Clubes de Barrio y Pueblos que será administrado por la Secretaría de Deporte de la Nación. Dicho Fondo será constituido con el dinero que el presupuesto nacional determine como partida específica para clubes de barrio, así como por el producido de donaciones, contribuciones, aportes y subsidios que realicen personas físicas o jurídicas, privadas o estatales.

Siguiendo esta línea, y como destacó Hernán Lanía -dirigente de un club de barrio- "Es fundamental la gestión desde el lado de la política, que es el poder para transformar. Creo que no es un problema de gestión, sino que es un problema cultural. Se tiene que amar al club de barrio y gestionar desinteresadamente, tener convicción y motivaciones para poder hacer cosas en beneficio de la comunidad”.

Como se mencionó al principio, los clubes de barrio no sólo se limita a la posibilidad de practicar deporte, ya sea de manera competitiva o recreativa, sino por los valores sociales que impacta directo en la calidad de vida de los niños, y por ende la sociedad, ya que brinda todo tipo de actividades, siendo un lugar donde se encuentra la familia, un lugar de contención, un lugar de aislamiento contra los malos hábitos y prácticas no sanas, además de brindar valores, algo que es fundamental en la sociedad. 

En dichas instituciones sociales, los jóvenes encuentran reglas de convivencia y sus vínculos se ven fortificados en cuanto deben compartir experiencias con compañeros, entrenadores, amigos y construyen un sentimiento de identidad y un valor de pertenencia que sólo un club puede aportarle. 

Las prácticas deportivas, culturales y sociales llevadas adelante en los clubes de barrio brindan siempre un reto recreativo o competitivo que implica nuevos desafíos, un actuar grupal o en equipo, un aprendizaje necesario de valores nobles y honrados.

Resulta así fundamental definir una política pública que, a través del deporte así considerado, se ocupe de los temas mencionados, otorgándole un rol protagónico a las instituciones y clubes barriales, coordinar los esfuerzos actuales para lograr una mejora en las condiciones de vida de toda la población. Creemos que reforzar institucionalmente a los clubes de barrios con políticas públicas les permitiría atender estas cuestiones sociales y culturales importantes.

Texto: Damián Fanelli
Fotos: Gentileza Confederación Argentina de Clubes y Entidades Deportivas - Observatorio Social y Económico de Clubes de Barrio y Afines y Foro Social del Deporte 

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