domingo, 7 de octubre de 2018

Buenos Aires 2018: El Obelisco fue protagonista de una ceremonia de apertura sin precedentes

Histórica, emotiva, inolvidable. Tres palabras que calzan a la perfección para definir a la ceremonia que dejó inaugurados los III Juegos Olímpicos de la Juventud, que pondrán a Buenos Aires en el centro de atención del mundo deportivo durante los próximos doce días. 


Por primera vez en la historia de los Juegos Olímpicos Modernos, la apertura se realizó en la calle, fuera de un estadio, con la gente disfrutando del espectáculo casi al lado de los atletas, precisamente en un lugar elegido por los porteños (la Plaza de la República) para celebrar los grandes acontecimientos, y muy especialmente los deportivos.

Desde muy temprano, el público se fue acercando al centro de la ciudad para buscar una buena ubicación. Vista desde una toma aérea, la Nueve de Julio, la avenida más ancha del mundo, parecía un océano humano. La gente quería ser testigo de un hecho inédito en la historia de nuestro deporte.

Cuando el reloj llegó a la hora 20, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, le dio la bienvenida a las delegaciones y se inició la cuenta regresiva, proyectada sobre el Obelisco. Al llegar a cero, salió una explosión desde la base del ícono porteño y desde su extremo superior partieron fuegos de artificio. En el escenario principal, el periodista Matías Martin, quien en esta oportunidad hizo las veces de presentador, le dio la bienvenida a los deportistas.

Los atletas ingresaron a través de un arco con efectos especiales y fueron recibidos por los integrantes de Fuerza Bruta, una compañía teatral que hace de la innovación y creatividad, su fuerte, y que en esta oportunidad estuvo integrada por 350 personas entre músicos, técnicos y actores. Atletas y actores interactuaron, bailando y cantando, dando una auténtica sensación de fiesta.

Mientras comenzaban a sonar las estrofas del Himno Nacional, entonado por Ángela Torres, desde el extremo superior del Obelisco apareció un joven portando una bandera argentina, y luego fue descendiendo por las paredes del mismo, acompañado de proyecciones y efectos especiales.

Desde uno de los escenarios móviles, ubicados a un costado del principal, un DJ, bailarines y cantantes ofrecieron un espectáculo moviéndose entre el público. Ese escenario incluyó un mundo inflable, representando a la Tierra desdibujando las fronteras y celebrando la diversidad intercultural dentro de un marco de tolerancia y convivencia. Este globo inflable buscó representar el escenario de banderas en un mundo unido de libertad, de alegría, de fiesta y celebración. Mientras tanto, los abanderados de cada delegación, respetando la tradición de que sea Grecia la primera en subir, luego siguiendo el orden alfabético de los países, y terminando con el abanderado del país anfitrión (en este caso, Argentina; el sanpedrino Dante Cittadini, representante de vela, fue el encargado de llevar la insignia celeste y blanca) fueron subiendo al escenario.

Luego, los anillos olímpicos aparecieron en el aire, elevados por una grúa, al ritmo de la música y rodeados de efectos especiales. En cada anillo iba un actor vestido de obrero futurista, interactuando con los anillos, como si éstos estuviesen siendo construidos en ese momento. De inmediato se proyectaron sobre las paredes del Obelisco los pictogramas de las 32 disciplinas incluidas en el programa de estos Juegos, mientras que algunas de ellas eran representadas por actores, con efectos especiales de agua, chispas y humo, buscando conectar al espectador con el lado lúdico y primitivo del deporte, mostrándolo en un ámbito urbano y rompiendo con la estética competitiva. Otro escenario móvil se trasladó hacia el sur de la avenida Nueve de Julio, acercando a la gente un DJ en vivo, bailarines de breaking y gimnastas.

En el sector de los atletas, en tanto, se abrió paso la bandera olímpica, transportada por seis reconocidos atletas argentinos (Leonardo Gutiérrez, Carlos Mauricio Espínola, Javier Weber, Serena Amato, Magdalena Aicega y Karina Massota), quienes se la pasaron a otros seis juveniles deportistas (Martina Campi, Francisco Saubidet, Fernanda Russo, Fabián Maidana, Braian Toledo y María Eugenia Garraffo) hasta llegar al mástil. Mientras la bandera buscaba la parte más alta de ese mástil, Luna Sujatovich entonó el Himno Olímpico, acompañada por el pianista Leo Sujatovich.

Llegó el turno de los juramentos olímpicos: un atleta (Tamara Romairone, de yatching), un entrenador (Carlos Retegui, de hockey sobre césped) y un árbitro (Lorena Mac Coll, de beach handball) se comprometieron a “participar en estos Juegos Olímpicos de la Juventud bajo el respeto de las normas y el espíritu de juego limpio. Nos comprometemos a participar sin dopaje ni trampas. Y lo hacemos por la gloria del deporte, por el honor de nuestros equipos y por respeto a los principios fundamentales del Olimpismo”.

La solemnidad de ese momento le dio paso a la música ciudadana. El Obelisco se transformó en un gran bandoneón y desde la punta apareció un músico. En el escenario principal, una orquesta continuó con un popurrí de tangos, entre ellos “Mi Buenos Aires Querido”, “El día que me quieras”, “La cumparsita”, acompañada por bailarines, liderados por Mora Godoy. Desde los balcones de los edificios aparecieron más bailarines danzando al ritmo del 2x4.

Volvió la solemnidad, con los discursos. Gerardo Werthein, presidente del Comité Olímpico Argentino, una parte en español y otra en inglés, contó su alegría por “el sueño hecho realidad” de estos Juegos, destacó la “igualdad de género” en los mismos, remarcó la histórica situación de la primera ceremonia inaugural al aire libre, agradeció el apoyo de Thomas Bach, de todos los atletas argentinos y de los 8000 voluntarios de Buenos Aires 2018 e hizo un repaso de las obras que se realizaron y que quedarán como legado para la comunidad.

A continuación, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, dio la bienvenida a todos los atletas que participarán en los III Juegos Olímpicos de la Juventud – Buenos Aires 2018, sostuvo que “estos Juegos son de ustedes, de los atletas que vienen de distintos lugares del mundo para respetar los valores olímpicos. Esta experiencia va a permanecer con ustedes durante toda la vida”. La jugadora de hockey sobre césped, Victoria Miranda, en un perfecto inglés, dio la bienvenida a la Argentina a todos los atletas del mundo. Y Amadou Ndianye, pronunció unas palabras en nombre de los deportistas de Senegal, país que albergará la próxima edición de los Juegos.

Por último, Bach saludó a los pequeños futbolistas tailandeses que estuvieron varios días atrapados en una cueva, los que estaban a un costado del escenario, ya que fueron invitados especialmente a Buenos Aires, y destacó el recibimiento que tuvieron todos los visitantes en nuestro país, demostrando que “Argentina puede organizar estos Juegos pese al momento difícil por el que atraviesa”. Cerró su discurso con un “¡Viva Argentina… Viva Buenos Aires!”.

Para ponerle un cierre oficial a la ceremonia, el presidente de la Nación, Mauricio Macri, declaró abiertos oficialmente los Juegos. Y los fuegos artificiales volvieron a invadir el cielo porteño, mientras que Fernando Dente y Candela Molfese entonaron la canción oficial de los Juegos.

Casi de inmediato, otro escenario móvil irrumpió en el centro de la avenida, entre la gente, en busca del Obelisco, con Luciana Aymar (hockey), Sebastián Crismanich (taekwondo), Walter Pérez (ciclismo) y Gabriela Sabatini (tenis) haciendo los relevos de la antorcha rumbo al escenario principal. Sobre una cinta de otro escenario móvil, Pedro Ibarra (hockey) y Cecilia Carranza (vela) recorrieron unos metros con la antorcha, subieron a una escalera y de ahí saltaron al vacío, al mejor estilo Fuerza Bruta; atravesaron una pared de papel para llegar a otra cinta. Un recorrido similar hizo Pablo Zaffaroni Unrein (atletismo). Todos ellos se unieron e hicieron un breve recorrido hasta encontrarse con los dos atletas que, finalmente, encendieron el pebetero olímpico frente al Obelisco: Santiago Lange (vela) y Paula Pareto (judo). Otra tanda de fuegos artificiales le pusieron punto final a una ceremonia que jamás se borrará de la retina de los amantes del deporte olímpico. Ahora tienen la palabra los 4012 atletas, de 206 países, que competirán en 32 disciplinas. Ellos serán los verdaderos protagonistas de esta fiesta del deporte olímpico.

Fuente: COArg.com.ar
Fotos: Buenos Aires 2018

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